—Laura, dije que puedo explicar lo de estos días, ¿podrías no irte? ¡Solo escúchame! —Miguel contuvo su ira, intentando suavizar su tono.
No había regresado apresuradamente de Piedra Blanca para despedir a Laura, sino para explicarle todo y disculparse. Esta vez él estaba equivocado.
Laura sujetó firmemente su maleta, mirando con indiferencia el rostro del hombre que había amado durante diez años, al que creyó amaría toda la vida. Ahora, finalmente lo había dejado ir. No se arrepentía de haberlo