Patricia debía admitir que el médico tenía bastante imaginación.
Después de examinarla, el médico confirmó que todo estaba normal y se tranquilizó.
Sin embargo, al girarse se encontró con la mirada asesina del hombre, lo que le hizo tartamudear: —Se-señor...
—¿Cómo está? ¿Por qué no despierta? —preguntó Manolo con tono severo, mirando al médico como si quisiera atravesarlo con dagas.
El médico, sin saber cómo había enfurecido al señor, se limpió el sudor y respondió apresuradamente: —Está bien f