Laura se recompuso y dijo con rostro pálido: —Tengo que salir por algo —y tomó su bolso apresuradamente.
Manuela observó su silueta alejarse, confundida. ¿Qué habría pasado? Laura parecía aterrada.
Al salir del bufete, las lágrimas de Laura comenzaron a caer. El conductor del auto de alquiler, viéndola llorar desconsoladamente, intentó animarla: —La tristeza no resuelve los problemas, hay que ser fuerte.
Laura miró por la ventana. Los tulipanes en flor le parecían dolorosamente llamativos - Migu