Durante los dos años que pasó en el campo, su abuela siempre la llamaba "nena" con cariño. Todos los huevos que ponían las gallinas y los patos eran para ella. Incluso en el campo, su abuela siempre vestía elegantes vestidos tanto en verano como en invierno, manteniendo un aire distinguido que la hacía parecer fuera de lugar en el entorno rural.
—Nena, ven, déjame verte —aunque acababa de despertar de un largo sueño y estaba muy débil, Adriana se esforzó por pronunciar estas palabras, quedándose