Por la tarde, Alexei aguardaba impaciente en su despacho la llegada de la doctora, había limpiado cuidadosamente su rostro para no dejar rastro alguno de las lágrimas que había derramado anteriormente. Siempre se esforzaba por aparentar ser un hombre fuerte, sin importar la tempestad que lo atormentara por dentro.
Su teléfono móvil vibró dentro del bolsillo de su chaqueta. Lo extrajo rápidamente y frunció el ceño al ver que se trataba de un número desconocido.
—¿Diga? —respondió.
—Cuidado, Pet