Lilia.
Llegamos. Una sirvienta nos dejó entrar, habían pocos invitados en la casa de los Watson. Hace mucho que no iba, desde que me comprometieron con él.
—Oye, Chris, ¿y cómo harás en nuestra boda si no crees en Dios? —le pregunté, curiosa.
—No te preocupes por eso. Te sorprenderás.
Me rodeó con su brazo, demostrando que éramos pareja. Nuestro objetivo era ir al patio, no quedaba lejos. La mayoría iba para allá, ya que todas las sillas estaban ahí.
Debajo de un gran árbol, los vi a ellos