— Yo, no te pertenezco, ni a ti ni a nadie — dijo Juliette limpiando sus labios con agua lodosa que encontró en aquella maceta.
Aquel acto enfureció a Eros quien no dudo en arrastrarla hacia él, los labios de la rubia estaban manchados de lodo, diciéndole así que prefería sentir la tierra húmeda y sucia antes que sus labios sobre ella, sus ojos zafiro brillaban con la intensidad del fuego, desafiándolo, aquella mujer era como una llamarada ardiente y salvaje, no se doblegaba ante el como hacían