— Entonces veremos qué tan bien podemos hacerlo después de tantos años. — le respondió Aitana.
Ambos, y tomados de las manos, corrieron hacia los establos, acercándose a un hermoso corcel de pelaje blanco y hermoso como la nieve, Aitana lo miró a los ojos.
—Este es Ventisca, y no suele ser amable con nadie, realmente dudo que incluso a mí me quiera a pesar de que ayude a que viniera al mundo y lo he cuidado desde entonces. — dijo Fernando.
Aitana le sonrió. — A favor de Ventisca diré que no sue