—Feliz noche de hadas, mi amada Aitana…te traje tus dulces favoritos, vamos a comerlos juntos, como cuando éramos niños. — dijo Fernando con su rostro sonriente y manchado.
Aitana sintió como las lágrimas se le acumulaban de nuevo en sus ojos verdes. Aquellos, sin lugar a dudas, eran sus dulces favoritos…el, no lo había olvidado. Tomando una de las bolsas, la hermosa castaña le sonrió a su esposo.
—Nos va a doler el estómago, como cuando éramos niños. — respondió ella.
Acariciando el rostro de