— Bien, ahora, procedamos a hablar de negocios, el tiempo es oro señores. — dijo Ramon distrayendo a Aitana de sus pensamientos. Por supuesto, su mejor amiga también se había enamorado, y él estaba agradecido por ello.
Al otro lado de la ciudad.
La luz demasiado brillante le molestó repentinamente. Aquel dolor de cabeza se sentía tan intenso como ningún otro; sus sienes parecían estar a punto de reventar. Tomando conciencia de su desvanecimiento, se incorporó abruptamente solo para descubrir qu