Aitana dejó escapar su fresco aliento sobre los labios masculinos y le sonrió.
—Entonces… vayamos a nuestra cama. — susurró Aitana al apoyar sus manos en el pecho y alzarse en puntas para acercarse a su oído.
—¿De una manera tradicional? — cuestionó Fernando fascinado con ella.
Aitana sonrió y asintió, y él la cargó con algo de prisa; la joven castaña fue víctima de una carcajada netamente divertida, la misma que moriría entre los labios de su joven y atractivo esposo; más sin embargo no quedar