Si la existencia de todos tenía un propósito, el de Libi debía ser muy grande. Testaruda, pese a sus deseos, tal vez acostumbrada al castigo que recibía su cuerpo, ella volvió a despertarse entre los vivos.
Las visitas a clínicas y hospitales se habían convertido en un mero trámite. ¿Cuántos «accidentes domésticos» habría en su expediente?
«Soy tan torpe», le decía a los médicos, «nunca veo por donde voy», agregaba, mientras la mano de Damien le acariciaba la espalda.
Y él, como un actor de