Libi no llevaba su vestido cuando se despertó en una cama que no era la suya. Los pensamientos se le enturbiaron. Se aferró la cabeza y luego las sábanas cuando oyó que Irum llegaba.
—¿Qué pasó? —preguntó ella, con el pánico de sospechar una atrocidad.
La expresión desenfadada de Irum la asustó más todavía.
—¿Qué iba a pasar? Tú estabas en coma etílico y yo en silla de ruedas. Mis empleadas te trajeron y te quitaron la ropa.
Libi no podía más con la vergüenza.
—Ya no querrás volver a invitarme