En aquellos grises días, cada vez que Libi visitaba a Irum en la clínica, se encontraba con Alejandro, ya fuera a su llegada o a la salida. «Qué empleado tan comprometido con su trabajo», pensaba ella. «Un trabajador modelo, leal y con una vocación de servicio envidiable».
Patrañas. Ambos eran hermanos.
—Pero el apellido de Alejandro es Hutt, ¿quién es el señor Hutt?
Con la reveladora verdad, todo el sueño de Libi se había espantado.
—Un incauto al que le cargaron un hijo que no era suyo.