En la mesa de centro de la sala de Libi, junto a un plato de galletas, estaba la credencial de Espi, el lápiz con el logo de empresas HK y la corbata de Irum, que Libi tiraría en cuanto tuviera oportunidad; en cuanto Espi dejara de hablar de ellos y de su día en el trabajo, firmando documentos y de su tío Alejandro y sus risas. ¿Desde cuándo ese robot se reía?
Apenas una hora había pasado con Irum en su empresa y había hablado de ello durante tres.
«A mi papi le gustan mucho tus cuadros, mami.