—¿Está segura que lo hará, señora? —preguntó por segunda vez el abogado, al ver que al fin ella le pidió prestado el lápiz tinta, dispuesta a firmar donde le corresponde.
—¡Por supuesto que sí, abogado!
Estoy más que segura. He decidido separarme de mi esposo y él no me lo va a impedir poniéndome esa regla de que todo lo pasará a mi nombre. Dígale a su cliente que le mando a decir yo, que he firmado, pero que no me interesa nada en absoluto de lo que él me está ofreciendo. Prefiero firmar y aba