Su lengua se introdujo y empezó a recorrer mi interior de una manera que me hizo gritar del placer. Oh, era tan…
—Ah… —solté, ya no podía pensar en nada más.
El calor, las sensaciones, los aromas, todo se fundía en ese instante. Y solo quería más.
Quería que siguiera así por siempre.
Concéntrate, concéntrate. Era inútil. Allí todos eran sospechosos y yo… Estaba teniendo otro orgasmo. Ya perdía la cuenta de cuantos tuve. El me ordenó que caminara en el suelo, mientras azotaba mi nalga con la pal