—¡Por todos los cielos! —gritaba Hiz mientras corría por toda la habitación mientras se amarraba su cabello con su típico moño donde enroscaba todo su pelo—, ¡mamá, debiste despertarme más temprano!
—Lo hice, pero no te despertaste —soltó ella mientras se levantaba de la cama con voz ronca—. No te vayas sin desayunar, deja que te caliente algo, al menos.
—¡No, imposible! —exclamó ella mientras terminaba de ponerse sus zapatos negros.
—¡No te vayas sin nada en el estómago!
—Comeré en el hotel.
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