—Mi madre miente muy bien —le dijo Hiz a Dober.
Los dos estaban acostados en la cama, a punto de dormir.
—¿La llamaste?
—Sí, la llamé. Pero solo me mostró la remodelación de la casa y habló sobre su jardín.
—¿Cómo la viste?
—Bien, aparentemente bien.
—Tal vez las cosas no estén tan mal, Hiz.
Volteó a verlo.
—¿Tú crees?
—Si le hubieran hecho daño, ya nos habríamos enterado. Sabes que hay mucha seguridad. Tal vez, ella solo esté cuidando de esa niña y ya.
Hiz se acomodó a medio lado y rodeó a Dob