No dormí. El amanecer me encontró acostado en la cama tendida, con la camisa arrugada, los ojos secos y la mente revuelta. La ciudad despertaba más allá del ventanal, indiferente a mi insomnio, indiferente al peso invisible que me encorvaba los hombros.
Revisé mi celular por inercia. Ningún mensaje de Ivy. Pensé en escribirle, en contarle mi historia, pero me detuve en seco. No me detuve de manera consciente, al contrario, mi cuerpo lo hizo de forma mecánica, como si quisiera decirme que no est