La música suave se había convertido en un murmullo distante mientras las conversaciones comenzaban a apagarse poco a poco. El salón, que horas antes estaba repleto de energía y entusiasmo, ahora parecía ir perdiendo brillo a medida que los invitados se despedían y abandonaban el lugar. La atmósfera cambiaba con el paso de los minutos, como si el fin de la noche trajera consigo una sensación de desgaste inevitable.
Yo seguía de pie junto a Adrian, aunque a una distancia más prudente que antes. S