El aire fresco me golpeó apenas crucé las puertas dobles del salón principal. La terraza estaba casi desierta, apenas un par de asistentes charlaban en voz baja cerca de las barandas, iluminados por las tenues luces del jardín. El murmullo constante de la recepción había quedado atrás, reemplazado por el suave susurro del viento nocturno. Agradecí el silencio, aunque supiera que mi mente no me daría tregua.
Me apoyé contra una columna, cerrando los ojos y respirando profundamente. Necesitaba sa