Salí de la sala de juntas y cerré la puerta tras de mí, pero el eco de sus últimas palabras siguió resonando en el pasillo, en mi cabeza, en cada fibra de mi ser.
“La guerra empezó hace mucho. Lo que acaba de empezar es mi contraataque.”
Caminé hacia mi oficina con pasos medidos, automáticos. Los empleados que me cruzaba bajaban la mirada, apartándose como si mi sola presencia quemara el aire. Podían sentirlo. Todos podían sentirlo. La calma tensa que precede a un huracán.
Cerré la puerta de mi