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Fue entonces cuando sentí el movimiento que había estado esperando desde que entré al claro.

No vino de Ashen. No vino de Hecate. Vino de la periferia, de una sombra entre dos troncos, moviéndose con esa mezcla de prudencia y descaro que yo conocía demasiado bien.

Dorian.

No lo vi por comp

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