Media hora más tarde...
Beth finalmente entró tropezando en la casa.
—He vuelto —graznó, desplomándose en el acogedor abrazo del sofá.
—Hola, lo lograste —la saludó Marcus desde la cocina, con voz cálida por la preocupación—. Parece que ustedes las damas tuvieron una noche larga. Diana también acaba de regresar.
—¡Oh! —Beth se sorprendió. Diana tenía un horario bastante relajado en el restaurante. Nunca antes se había quedado hasta tarde en el trabajo. Esto no era normal.
Como si le leyera el pensamiento, Marcus explicó:
—Hubo una celebración de cumpleaños en el restaurante. Todo el personal estuvo muy ocupado esta noche. Ve a refrescarte. Yo serviré la comida.
—Dame un minuto —murmuró Beth como respuesta, hundiéndose más en los cojines, demasiado agotada para levantarse y caminar. Su cuerpo suplicaba una ducha, su estómago rugía por comida y sus párpados amenazaban con cerrarse de golpe.
—Ah, por cierto —la voz de Marcus cortó su conciencia que se desvanecía—, tu teléfono pe