Alexander miró a Beth. Dejarla sola no era lo ideal, pero esta era una pista que no podía ignorar. Después de todo este tiempo, finalmente tenía la oportunidad de desentrañar el misterio de su accidente, de encontrar al culpable y llevarlo ante la justicia.
—Está bien —masculló finalmente. Terminó la llamada y se volvió hacia Beth, con los ojos llenos de disculpa. Su vacilación no pasó desapercibida para ella.
—¿Hay algún problema en el trabajo? —preguntó ella en voz baja.
Alexander lo admitió