Mundo ficciónIniciar sesiónClaire se volvió hacia Beth, con una mirada tan fría y hostil como una trampa de acero.
—El Sr. Campbell necesita este archivo. Lléeselo. —Estampó una carpeta manila sobre el escritorio.
El corazón de Beth dio un vuelco al oír el nombre de su jefe. Los recuerdos de la noche anterior inundaron su mente. Enfrentarse a Ryan Campbell era lo último que quería hacer.
—¿A qué esperas? —espetó Claire, chasqueando los dedos a un centímetro de la nariz de Beth—. Ve y entrega el archivo. Es urgente.
La agudeza del tono de Claire devolvió a Beth a la realidad. Con un asentimiento tembloroso, agarró la carpeta y huyó hacia la oficina del director ejecutivo en el último piso.
Su corazón golpeaba con un ritmo frenético contra sus costillas mientras se acercaba al despacho. Respirando profunda y agitadamente, levantó una mano y llamó suavemente a la puerta.
—Adelante —retumbó la voz fuerte de Ryan desde el interior.
Echando los hombros hacia atrás para fingir un valor que no sentía, Beth empujó la puerta.
—Buenos días, Sr. Campbell.
Sus pasos se detuvieron en seco y su expresión se congeló. La fachada cuidadosamente elaborada se desmoronó. Frente al director ejecutivo estaba sentado el hombre del club nocturno. Su mirada la mantenía cautiva.
El suelo pareció inclinarse bajo sus pies; sus rodillas amenazaban con ceder bajo el peso de aquel frío escrutinio. La carpeta, olvidada en su mano temblorosa, colgaba lánguida a su lado. El tiempo pareció detenerse. La presencia de él le robaba el aliento.
—Beth Morgan. —La voz aguda y clara de Ryan sacó a Beth de su parálisis—. Este es Alex Sterling, el director ejecutivo de Sterling Enterprises.
¡Alex Sterling!
El nombre pareció resonar en sus oídos. Alex era el principal inversor de la empresa, alguien a quien no se debía ofender. Los rumores decían que era implacable en los negocios. Una oleada de náuseas la invadió cuando el recuerdo de su propuesta de matrimonio de la noche anterior resurgió.
—¡Beth! —la voz de Ryan cortó sus pensamientos desordenados.
—S-sí, Sr. Campbell —tartamudeó ella, obligándose a erguirse y proyectar compostura—. Este es... el archivo que solicitó. —Le tendió la carpeta a Ryan.
—Dásela al Sr. Sterling —instruyó él.
Beth se puso rígida, pero enmascaró rápidamente su reacción con una sonrisa pegada a los labios.
—Hola, Sr. Sterling —saludó, extendiendo el archivo hacia él.
Para su inmenso alivio, Alex permaneció impasible, con la mirada evaluando fríamente la carpeta en su mano. Era como si no la reconociera.
—Sr. Sterling —intervino Ryan con suavidad—, contiene toda la información sobre el nuevo proyecto. Estoy seguro de que será una inversión que valdrá la pena para Sterling Enterprises.
La mirada de Alex subió, encontrándose con la de Beth por un breve instante. El corazón de ella dio un vuelco. «¿La habría reconocido?». La intensidad de su mirada le envió una sacudida que la dejó clavada en el sitio.
—Beth —llamó Ryan una vez más, esta vez con un toque de impaciencia—. Ya puedes retirarte.
Con un asentimiento agradecido, Beth apartó la vista de Alex y se dirigió hacia la puerta.
—¡Espera! —la detuvo Ryan—. ¿Puedes traernos café?
—Claro —masulló ella, lanzando una última mirada a Alex antes de salir de la oficina.
Se llevó la mano al pecho al salir al pasillo, soltando un suspiro.
—Dios mío. ¿Por qué estoy tan nerviosa?
Mientras se dirigía a la sala de descanso, Beth no pudo evitar sentir inquietud. No lograba sacarse de la cabeza la propuesta de matrimonio de Alex. ¿Lo decía en serio?
Beth terminó pronto de preparar el café. Sujetando las dos tazas humeantes, se dirigió de nuevo al despacho del director ejecutivo, con los nervios a flor de piel en cada paso. Pero justo al doblar una esquina, se topó con Vanessa.
—¡Ya empezaste a seducir al jefe! —se burló Vanessa, bloqueando el paso de Beth con una postura altiva—. Eres una zorra, Beth. Primero el Sr. Harris, ¿y ahora el director ejecutivo? ¿Tan hambrienta estás?
Beth no tenía interés en hablar con ella.
—Apártate. No tengo tiempo que perder contigo.
Pero Vanessa no se movió ni un ápice.
—Sé lo que pasó en el club. Tú los sedujiste. De lo contrario, ¿por qué un caballero como el Sr. Harris haría algo tan vergonzoso?
El temperamento de Beth estalló; su paciencia se agotaba. Quería ignorarla, pero Vanessa la obligaba a contraatacar.
—Tú eras la que debía entregar el archivo, pero me pediste a mí que fuera. ¿Estabas intentando meterme en problemas?
—¿Cómo te atreves? —espetó Vanessa. Sus ojos destellaron con una pizca de nerviosismo momentáneo, preguntándose si Beth habría descubierto su truquito. Pero se recuperó rápido, con la voz afilada por una agresividad renovada—. ¿Tú lo sedujiste y ahora intentas cargarme la culpa a mí?
Se lanzó hacia adelante, empujándola con una fuerza sorprendente. Las tazas de café volaron de las manos de Beth y el líquido hirviente salpicó sus manos.
—Ah... —un grito ahogado escapó de los labios de Beth mientras el dolor florecía en su piel.
Vanessa parecía deleitarse con su crueldad. Una sonrisa maliciosa se extendió por su rostro mientras estiraba el brazo para tirar del cabello de Beth.
—Acosar a otros en el lugar de trabajo no es aceptable.
La voz gélida cortó el aire como un látigo. La mano de Vanessa se congeló en el aire y sus ojos se dilataron de terror al darse la vuelta. Allí de pie, alto e imponente, estaba Alex Sterling, con su mirada convertida en un fragmento glacial clavado en Vanessa.
Un escalofrío le recorrió la nuca y ella retrocedió tambaleándose. El pánico borró el color del rostro de Vanessa.
—¡Sr. Sterling! Y-yo... —tartamudeó—. No es lo que parece. Es ella... —Señaló a Beth al instante—. ¡Ella es la que causa problemas! ¡Ella me acosó!
Alex, sin embargo, la ignoró. Caminó con determinación hacia Beth, suavizando la mirada mientras extendía la mano para examinar sus manos enrojecidas. Las ampollas marcaban su piel. Su toque era suave, y su tono lo fue aún más:
—¿Te duele?
Beth lo miró con sorpresa, olvidando por un momento el dolor punzante. Este hombre no parecía tan frío y despiadado como decían los rumores.
Alex se volvió hacia Vanessa, y sus ojos se volvieron afilados como navajas.
—No sabía que los empleados aquí recurrieran a tácticas tan peligrosas.
Vanessa, nerviosa y desesperada, balbuceó una defensa:
—No, no, yo no lo hice. ¡E-ella estaba hablando mal de mí a mis espaldas! Solo me enojé. No quise lastimarla. ¡Fue un accidente, lo juro! —Su voz subió en una súplica frenética.
La expresión de Alex se mantuvo implacable.
—Tus acciones, sumadas a mentiras descaradas... si estuvieras en mi empresa, te despediría ahora mismo —rugió. Tenía tolerancia cero para la manipulación.
En ese momento, Ryan, alertado por el alboroto, llegó al lugar.
—Sr. Sterling, pensé que ya se había ido —preguntó, con la confusión grabada en el rostro—. ¿Hay algún problema aquí?
Su mirada sorprendida saltó entre una Vanessa llorosa y Beth, cuyas manos eran sostenidas protectoramente por Alex.
Sin perder un segundo, Alex señaló con la cabeza hacia Vanessa.
—Ella la agredió.
Los ojos de Ryan se abrieron con incredulidad y frunció el ceño. Nunca habría esperado tal comportamiento de Vanessa. Entonces notó las ampollas en las manos de Beth. El rostro se le quedó sin color. Se lanzó hacia adelante, envolviendo instintivamente las manos de Beth con las suyas, con la preocupación marcando profundas líneas en su frente.
Alex observó el intercambio; un destello de sorpresa cruzó sus facciones. La inesperada muestra de protección de Ryan lo tomó desprevenido.
—¡Vanessa! ¿Tú le hiciste esto? —tronó Ryan con una ira apenas contenida—. ¡Si fuiste tú, te juro que haré que te arrepientas!
Las negaciones frenéticas de Vanessa brotaron con desesperación:
—¡No, yo no fui! ¡No la lastimaría! ¡Fue un accidente!
—Beth —Ryan se volvió hacia ella—. Dime qué pasó. Creeré cualquier cosa que digas.
Beth vaciló, dirigiendo la mirada hacia Vanessa. Aunque el resentimiento bullía en su interior, no se atrevía a denunciarla formalmente.
—Solo fue un accidente —murmuró.







