Alex se rió, la diversión destellando en sus ojos. Sus ojos, iluminados con un destello burlón, encontraron los de ella.
—No te preocupes —calmó—, aprovecharme de alguien en un estado vulnerable no es mi estilo. No ha pasado nada entre nosotros.
Finalmente reveló la verdad.
—Te sobriaste después de la ducha fría y te cambiaste. No pasó nada inapropiado.
La mandíbula de Beth se apretó mientras le lanzaba una mirada severa. Un rubor rojo se deslizó por su cuello mientras la verdad la invadía.
—¡M