OLIVIA
"Necesitas comer algo", me instó la voz de la señora Rosa desde afuera, pero la ignoré por completo, sorbiendo mis fosas nasales y llorando a lágrima viva.
Me había encerrado. No quería nada. No quería la comida que ofrecía. O la vida que de repente me había encontrado viviendo.
Necesitaba a mi hermana. Mi familia. Mi antigua vida.
Mis lágrimas corrían por mi rostro, cayendo con más fuerza de lo que jamás había imaginado. Isabella se había ido con ese viejo espeluznante y robusto. ¿Y Axe