[PUNTO DE VISTA DE SOFIA]
En el momento en que dijo esas palabras, la habitación pareció encogerse. Mi entrepierna estaba tan pegajosa y húmeda que no podía esperar a que deslizara su enorme monstruo dentro de mí.
Me habían entrenado para poner a los hombres de rodillas. Para que vinieran corriendo hacia mí con solo un chasquido de mis dedos. Y, obviamente, Salvatore no era uno de ellos. Él controlaba el suelo que pisaba y a todos los seres que había sobre él.
Mi respiración se cortó ante el so