El sol de la mañana se asomó entre las pesadas cortinas grises, despertándome.
La cama bajo mí se sentía cálida. Un calor desconocido, diferente al de la cama matrimonial de mi habitación.
Un cuerpo se movió a mi lado, murmurando ininteligiblemente. Instintivamente, lo aparté, haciendo que ambos saliéramos de la cama.
Killian se puso de pie al instante, sin camisa, aferrándose a esa maldita pistola como si fuera su salvavidas. En serio, dormía con esa cosa.
Aunque jamás me dispararía, aun así m