El tono de marcado zumbó fuertemente en el salón sellado. El sonido áspero y electrónico cortó el pesado silencio que dejó la llamada desconectada. Isabel miró fijamente la pantalla iluminada de su teléfono celular. Su corazón martilleaba un ritmo frenético y caótico contra sus costillas.
La voz metálica y distorsionada del interlocutor del sindicato seguía resonando ferozmente en su mente altamente educada. Las pesadas contraventanas de acero que actualmente envolvían la Hacienda de Luna no po