Capítulo 25 —Preguntas sin respuestas
Narrador:
El aeropuerto estaba tan cerca que apenas hubo tiempo para que Lorena calmara el torbellino de pensamientos que la perseguía desde que salieron del hotel. En cuanto llegaron, subieron al lujoso jet privado. Franco, como siempre, parecía el dueño del mundo mientras la guiaba al interior.
—Siéntate donde quieras —dijo, señalando las cómodas butacas de cuero blanco con un gesto despreocupado. Luego, con una sonrisa que no auguraba nada bueno, agregó