El eco de la puerta principal al cerrarse resonó con fuerza por toda la casa, seguido de inmediato por la voz de Angélica llamando a Emma desde el vestíbulo. El pánico recorrió la columna de Emma, quien trató de apartar a Benedict con manos temblorosas, pero él no se movió. Con un descaro que la dejó sin aliento, Benedict la sujetó por la nuca y le robó un último beso profundo, dominante, antes de salir de ella con una lentitud tortuosa. La bajó al suelo, permitiendo que sus pies tocaran el már