Dos semanas después del accidente
El consultorio tenía cierta paz que Benedict Campbell ya no soportaba. Estaba sentado en el borde de la camilla mientras el médico retiraba con cuidado los últimos restos de la curación en su sien, revisando la piel que había cerrado con una limpieza asombrosa. El doctor asintió con satisfacción, guardando sus instrumentos mientras le confirmaba lo que Benedict llevaba días exigiendo escuchar: la herida había sanado correctamente y ya no había riesgos neurológi