Casa Geller.
Él miraba el brillo de su espada, mientras pensamientos terribles se infiltraban en su mente.
Ya hacía mucho que había oscurecido, y aun así, incluso con todos los viajes que había hecho liberando a los vigilantes, Henrique no podía dormir.
Habían regresado a la casa Geller para establecer los próximos pasos. Lobos de todas partes se estaban uniendo a la causa, y ese era el punto de encuentro.
El macho cerró los ojos, y lo único que vio fueron los ojos violetas y todas las mentiras