La habitación era amplia, y más organizada de lo que ella esperaba.
Los pasos de Alicia eran cautelosos, aunque ella hubiera aceptado la invitación de aquel lobo.
Ella entró lentamente y observó las cortinas de tonos oscuros sobre una de las ventanas. La habitación estaba parcialmente iluminada por algunas velas, había en una esquina cerca de la pared un cofre y al lado un armario.
En el centro una cama, no tan grande como la suya. Las mantas estaban dobladas en la punta.
Aparte de eso, la