Reina
Creí que el trono era el final. Creí que mi cuerpo había llegado a su límite, que la intensidad de la posesión de Caín me había vaciado por completo. Pero mientras Caín me levantaba del asiento de obsidiana, su agarre en mi brazo era firme, sus ojos aún ardían con un hambre oscura e insaciable que me decía que aún no habíamos terminado.
No me condujo hacia la salida. En cambio, me arrastró hacia la estrecha y sinuosa escalera de piedra que llevaba a la galería de los músicos. Me temblaban