Reina
El palacio no sabía cómo prepararse para la alegría. Fue lo primero que noté.
Los sirvientes se movían como si se prepararan para una inspección en lugar de una celebración. Los floristas discutían en voz baja sobre los arreglos y los músicos probaban las cuerdas con miradas nerviosas hacia las puertas, como si alguien pudiera revocarles el permiso para tocar en cualquier momento.
Ofelia, sin embargo, se desenvolvía con naturalidad.
Se encontraba en el centro del pasillo principal con un