Reina
No lloré después de salir de su habitación, aunque las ganas de hacerlo eran más que abrumadoras. Ese solo hecho me inquietaba más que cualquier otra cosa.
Caminé por los pasillos con la cabeza gacha y la espalda recta, las manos entumecidas a los costados, el pecho vacío como si me hubieran vaciado por dentro. El escozor ya no era reciente. Ya se había convertido en algo más frío, algo más pesado, pero aun así, no extrañé el tirón casi familiar junto a mis ojos.
Dije que no iba a llorar, pero claramente, mis propios ojos solo se llenaron de lágrimas para dificultarme mantener esa decisión. Con cada paso que daba, sentía que los rincones del pasillo se desdibujaban, y tuve que parpadear un par de veces antes de que volvieran a la normalidad.
No era de las que admitían su vulnerabilidad, pero ni siquiera podía negarla, aunque lo intentara. Me habían desnudado y expuesto de la peor manera posible. Delante de una persona casi me da celos.
"Es una esclava". Las palabras de Caine de