Reina
Repasé las instrucciones una última vez, pero aún sentía una extraña sensación de temor que me calaba los huesos y se negaba a ceder. No era porque no las hubiera memorizado ya, sino porque quedarme quieta me daba algo que hacer en lugar de temblar.
Cerré los ojos con fuerza un instante, repasando las pequeñas acciones, no tan pequeñas, que me habían llevado a este punto.
Había añadido sal en el momento justo, bajado el fuego y no matado. Revolví en sentido contrario a las agujas del relo