Reina
Desperté con un dolor, no agudo. No, era sordo y pesado, de esos que se me clavaban en los huesos y se negaban a irse. Sentía como si ese dolor se hubiera absorbido en mi cuerpo mientras dormía y ahora se hubiera acomodado, aunque todavía me estaba acostumbrando a que pudiera ser perjudicial.
Sentía mi cuerpo como si lo hubieran doblado mal y lo hubieran dejado así. Por un instante, no me moví. Miré al techo, a las tenues grietas que se extendían sobre mí, e intenté recordar cómo había ll