“El veneno ya llegó a su corazón,” espetó Jerik, con la mirada llorosa fija en Theron. “No puedo dejar que mi esposa muera.”
“What the fuck? ¿La dejaste ir?” rugió Kallias, su voz resonando por toda la sala.
“Tuvimos que salvarla,” respondió Theron con calma.
Kallias se acercó, con los ojos ardiendo.
“Dejaste que una renegada que invadió la Ciudadela hiriera a la esposa de Jerik y a mi prometida y la dejaste marcharse libre a cambio de un antídoto.”
“El corazón de Brielle está fallando. Su esta