Liberada, Valeria se apoyó en la pared y respiró profundamente, su mente, como si hubiera recibido un golpe, se volvía cada vez más caótica.
El aroma del que hablaba Sebastián, parece que ella también lo había olido...
Valeria ajustó la chaqueta de traje que se había deslizado hasta los codos, reuniéndola en sus hombros.
Levantó la cabeza para decir algo, pero se quedó perpleja al ver a un hombre en un traje gris oscuro parado frente a ella, con ojos fríos detrás de los lentes.
«¿Qué hace Sergio