El conductor escuchó el gemido ahogado de Sergio y le echó un vistazo a través del espejo retrovisor: —¿Estás bien, Sr. Sol?
—No pasa nada —La sensación de opresión de pecho desapareció rápidamente, y el color volvió a su rostro en poco tiempo.
Ajustó sus lentes con la mano: —¿Has encontrado a Rocío?
—Negativo. No pudimos encontrar registros de compra de boletos para ella en la estación de tren ni en el aeropuerto —respondió el conductor y compartió su propia conjetura. —Sr. Sol, creo que Rocío