—Oh, por cierto, Mau, ¿qué te gustaría comer al mediodía? —preguntó Valeria.
—Si estando atado por ti no pude desayunar, ¿cómo pensar en el almuerzo? —Mauricio bromeó—. Mi preciosa, déjame libre y yo prepararé el almuerzo, ¿qué te parece?
—Estaré bien comiendo en la oficina, no te preocupes, Mau. Si no quieres almorzar, déjalo así. Te traeré la cena cuando regrese, y al estar dormido, ni hambre sentirás. —Valeria sonrió ligeramente.
Ella bajó la cabeza y le dio un beso suave en la barbilla al ho