—Iliana, Iliana, te imploro, perdona a papá... —Efraín suplicaba.
Al no conseguir apaciguarla, la expresión de Efraín se torció en una mueca de ira, y empezó a maldecir.—¿Qué pasa contigo, mocosa, te rebelaste o qué? Soy tu padre, ¿cómo te atreves a levantarme la mano?
»Fui yo quien te dio la vida, si no fuera por mí, ¿cómo habrías nacido?
»¿Qué tiene de malo haberte vendido al club? Ahí se gana dinero rápido. Eres mi hija, deberías estar ganándome dinero. En diez años serás como tu madre, desga