Mientras los dos salían por el lujoso corredor, Valeria escuchó a alguien gritar detrás de ellos,
—¡Suéltenme, déjenme ir!
—Les advierto, vivimos en una sociedad regida por la ley, forzar a una chica a beber o la prostitución son delitos.
Valeria no se dio vuelta, pero sintió un fuerte empujón en el hombro, y una figura se escabulló rápidamente por delante de ella.
Tambaleándose, avanzó unos pasos antes de poder estabilizarse.
La chica que corrió frente a ella era menuda, pero su carrera era vel