Después de probar unos bocados de pescado, los ojos de Sebastián brillaron de emoción: —¡Wow, Val! ¡Tu sazón es increíble! ¡Podría ser el mejor pescado que he probado en mi vida!
—¡Podría comerlo todos los días durante un mes sin cansarme!
—¿En serio? —al escuchar esos halagos, una sonrisa se dibujó en el rostro de Valeria—. Si todavía estamos aquí mañana, haré sopa de pescado de nuevo. Espero que no te canses de ella.
—Por supuesto que no —Sebastián sonrió con picardía—. Con tu comida, el único