Hace muchos años, cuando Valeria apenas había comenzado a practicar el violín, se enfermó de las amígdalas a causa de varias noches en las que el aire acondicionado estuvo muy fuerte, al punto que no podía hablar.
En esos días, los padres de Valeria estaban muy ocupados con diversos asuntos. Ella se encontraba sola en el hospital, y en su aburrimiento, pidió que le trajeran su violín.
Su padre, Luis Ramírez, la había alojado en la mejor suite del Hospital General de Amanesca, una habitación con